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El socialismo, en unidad

binEl pasado sábado se realizó en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,  el Congreso Nacional del Partido Socialista.
Allí la figura del gobernador santafesino Hermes Binner tuvo primacía en su intención de no aparecer ni como un férreo opositor al gobierno nacional ni como un "aliado" a los K, como pretenden los sectores que ocupan cargos en el gobierno nacional.

Se despejan los fantasmas de ruptura.

Hermes Binner consiguió que el congreso nacional de su partido, celebrado el sábado en Buenos Aires, no termine siendo un acto de oposición. Hubiera sido un despropósito que a tres meses de haber iniciado la Gobernación una declaración política limitara su capacidad de gobierno.


Los socialistas están satisfechos y convencidos de que la acumulación de los últimos años los habilita a jugar en ligas mayores. Vale la pena hacer el inventario una vez más: la Gobernación de Santa Fe, un bloque de diez diputados nacionales, una banca en el Senado, intendencias trascendentes con Rosario a la cabeza, legisladores en todo el país. En otras épocas los mismos números no representaban lo que hoy, en medio de un sistema político de partidos descuartizados, diluidos, divididos, cooptados.

Los únicos que se fueron disconformes del congreso fueron los socialistas K, con Basteiro y el secretario Oscar González a la cabeza. El resto fue resultado de una negociación y acuerdo entre el sector de Rubén Giustiniani y el binnerismo.

El primero logró que se respalde la política de alianzas que tejió en los últimos procesos electorales, que derivó en una fórmula que obtuvo 4 millones de votos aunque no sobrevivió más de dos meses tras los comicios. Binner, en tanto, se dio por satisfecho con que el congreso no condicione el camino de su gestión.
Por supuesto que fue más fácil para ambos sectores ponerse de acuerdo en lo que son los hechos consumados que con el futuro. Para eso acordaron una fórmula que dejó conformes a todos, con una redacción suficientemente ambigua como para que cada sector pueda interpretarla de acuerdo con sus convicciones.

El acuerdo pasa por “ampliar las bases de sustentación” partidaria, favoreciendo la construcción de una fuerza progresista al estilo del frente que llevó a Binner a la Casa Gris. No se especificaron futuros socios en esa política de alianzas, pero sí se acotaron a grandes rasgos las posibilidades: “Seguir construyendo una fuerza progresista alternativa al oficialismo y alejada de la derecha”. La fórmula expresa claramente el límite de la política de alianzas que están dispuestos a tolerar las dos principales ramas del partido y que ambas definieron hace tiempo: para el binnerismo es la derecha, para los seguidores de Giustiniani el gobierno nacional.

Un binnerista que estuvo en las negociaciones transmitió esa idea así: “Lo importante es que hubo unanimidad en que hay que desarrollar un partido abierto, democrático, capaz de aglutinar a formas diversas de pensamiento progresista, de que es necesaria una suma de fuerzas para la construcción política”. Y puso acento en la necesidad de “ser realistas”, de comprender que “la política se construye sobre la base de los hechos” y que el PS debe tener la “suficiente apertura para dialogar con las demás fuerzas políticas para construir una institucionalidad que permita crecer”. Cuando se le pidió un ejemplo citó el caso de “la reforma constitucional en Santa Fe, que sí o sí requiere apoyo de los sectores de la oposición o al menos de una parte de ellos”.

Léase que alternativa no quiere decir oposición y que los límites de la derecha los pone quien los mire: Macri nunca dice que es de derecha, Carrió dice que se corrió al centro y hasta López Murphy reniega de esa definición. Y es seguro que si se hace otro congreso socialista sólo para definir qué es la derecha se acaba la paz interna.

De todos modos el consenso fue redactado de ese modo para dejar abiertas las puertas que postergan para más adelante un debate en el que será más difícil ponerse de acuerdo.

El binnerismo puso especial atención a la declaración política del PS. Tanto la posición de los socialistas K que quieren ver al PS dentro de la concertación oficialista como la de sectores que empujan un perfil opositor a rabiar dificultarían la acción del gobierno provincial. No sólo porque el 60 por ciento de los ingresos al Tesoro provincial viene de recursos nacionales y porque grandes proyectos de infraestructura dependen de la Casa Rosada sino también porque podría resquebrajarse al Frente Progresista. Por eso Binner no aceptó hacer campaña para la fórmula Carrió-Giustiniani en octubre y la semana que pasó descartó de plano postularse como presidente del PS.

El gobernador recibirá hoy a la gobernadora de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos, con quien firmará diversos convenios que implican exportar experiencias de gestión al extremo sur patagónico. El gobernador se siente muy a gusto con su colega rosarina trasplantada a la isla, quien a la vez está muy interesada en estrechar vínculos. Ella encuentra en el socialismo santafesino y en su gobierno un punto de referencia, un puente político e institucional que no pueden darle el ARI reconvertido en Coalición Cívica y su furibunda líder. Es un caso que permite ver con más claridad por qué el interés de Binner en participar de la redacción de la declaración final de su partido.

Por la suyas y sin preaviso, también Elisa Carrió estará esta mañana en la ciudad. Rosario le ha sido muy favorable cuando ella fue candidata a presidenta y sin embargo, como ya viene ocurriendo, ni Hermes Binner ni Miguel Lifschitz tienen interés en aparecer en la foto. En la conferencia de prensa se presentará a la par de los legisladores Susana García, Pablo Javkin y Carlos Comi. A eso se traduce la fabulosa cantidad de votos que sacó en las urnas santafesinas en 2003 y 2007: una banca en la Cámara de Diputados de la Nación, una en la de la provincia y otra en el Concejo Municipal. El resto de los legisladores hace tiempo que no tienen nada que ver con ella.

El sábado, mientras se celebrada el congreso socialista, Carrió salió a decir que su intención en 2011 es integrar una fórmula con Hermes Binner. Es una declaración que muestra la necesidad de la chaqueña de referenciarse en experiencias de gestión que ni ella ni su Coalición Cívica lograron. Hay que recordar que los aristas fueguinos dejaron de lado a Elisa Carrió de la campaña electoral que consagró a la gobernadora Ríos.

Por ahora el socialismo no quiere saber nada con Carrió (a excepción del trabajo coordinado en el Congreso), al menos hasta que otro proceso electoral lo obligue a un matrimonio por conveniencia con una figura de alcance nacional que hasta 2007 no tenía. El discurso de la chaqueña –que hace recordar al antiperonismo divisionista de décadas pasadas–, está condicionado por el escenario político surgido de las urnas: el kirchnerismo le ocupó la centroizquierda y Macri le copó la capital, su principal territorio, por la derecha. Elisa Carrió lo dijo sin vueltas al heterogéneo grupo de legisladores que forman la Coalición Cívica, donde todavía sobreviven algunos sectores progresistas que se incomodan con algunas de sus frases: “Ustedes digan lo que quieran. Yo no pienso regalarle el discurso de centro a Macri”.

David Narciso / El Ciudadano

 
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