Zelmar Michelini, periodista
(Gentileza de DsD-www.diariosobrediarios.com.ar)
Esta es la historia a grandes rasgos. Los datos que hoy se encuentran a disposición tanto en la red como en los distintos libros que se ocuparon de su vida, destacan con mayor intensidad su actividad política y sus acciones como militante. En cambio, no se conocen datos sobre su desempeño periodístico. En este trabajo, Diario sobre Diarios, apunta a desempolvar eso: la relación de Michelini con el periodismo (que la tuvo desde sus inicios, tanto en Uruguay como en la Argentina).
Además se incluye una columna especial para Diario sobre Diarios de Roberto García, actual director de Ámbito Financiero, amigo de Michelini y destinatario de la carta póstuma del uruguayo. Por último, también se recurrió al libro “Maten al cartero” (CADAL) del periodista de La Nación, Jorge Elías, la obra en donde mejor desarrolladas están todas las alternativas en torno al crimen de Michelini. Se tomaron también extractos de la biografía “Timerman” (Sudamericana) de Graciela Mochkofsky y del libro “Las palabras son acciones” (Perfil) de Fernando Ruiz, que cuenta la historia del diario La Opinión.
También periodista en la Argentina Pedro Michelini, hermano de Zelmar, recuerda que “estando en San Pablo me enteré del golpe de Estado (en Uruguay) y de la ida del Flaco a Buenos Aires. Después supe que Timerman le dio una mano y lo puso en la sección ‘cables’ de La Opinión”. Rafael Michelini, hijo de Zelmar, afirma que “en Buenos Aires vivía del sueldo como cronista de La Opinión. Después empezó a hacer notas de análisis sobre política internacional en IPS y en Télam, dos agencias de noticias. Mi hermano ‘Chicho’ que ahora está en París trabajando en France Press aprendió con él en aquellos meses las primeras lecciones de esta técnica periodística”. Zelmar Michelini, el hijo homónimo del periodista rememora que “cuando llegué a Buenos Aires en febrero de 1974, Argentina vivía el fin del camporismo (…) Papá estaba en plena actividad. Trabajaba en una radio, en el diario Noticias y colaboraba con la agencia Télam. Desde su llegada a Buenos Aires su primera preocupación fue trabajar”. A mediados de 1973, Michelini ingresó oficialmente como redactor de la sección Internacionales de La Opinión. Su primera nota la firmó el 29 de septiembre de ese año y se tituló “Mágicamente, el gobierno uruguayo descubre en su Iglesia al comunismo internacional”, según consta en el libro “Las palabras son acciones”. El tiro del final En la madrugada del 18 de mayo, Zelmar Michelini fue secuestrado del hotel Liberty, en la avenida Corrientes al 600, en donde se alojaba junto a dos de sus hijos, que tapados con mantas, lograron escuchar que uno de los secuestradores le dijo “Zelmar, te llegó la hora”. Esa misma noche también fue secuestrado el ex presidente de la Cámara Baja de Uruguay, Hugo “El Toba” Gutiérrez Ruiz. Ambos, acusados de participar del grupo guerrillero Tupamaros. El libro “Las palabras son acciones” afirma que “La Opinión movilizó públicamente sus fuerzas. Editorializó en tapa, tituló frontalmente, informó sobre el inicio de una campaña internacional en su defensa y, en especial, sugirió la vinculación de sectores del poder con el secuestro”. El libro recuerda que “los periodistas de La Opinión habían redactado una serie de notas ‘a manera de última apelación por su vida’ cuando la policía difundió la noticia de la muerte. Una estaba firmada por Roberto García y la otra por Timerman. García difundió una nota que Michelini había escrito donde le decía que temía por su vida. Explicó que las denuncias eran habituales, pero que esta vez se había preocupado, pues ‘los anónimos no tenían relación con el tiempo: era como si él volviera a ser un combativo defensor de los Derechos Humanos, cuando en rigor, desde su modesto escritorio de periodista, abuelo ya, la lucha era más por la subsistencia que por la libertad’. El redactor de La Opinión (García) y amigo de Michelini terminó su carta de un modo enigmático, que luego enfatizaría el mismo Timerman: ‘Esta nota no debe ser firmada solamente por mí, sino por todos aquellos que hoy entran a la redacción, miran la silla vacía y preguntan: ¿No hay novedades? Ellos también son sus amigos y, como yo, tristemente, apelan más por su vida que por su libertad’” Timerman, en tanto, afirmó en una “Carta al presidente Videla”: “Conozco muy bien -y después de 30 años de periodismo no puedo ser ingenuo- los riesgos que corre mi vida por dar esta batalla. Pero es el mismo riesgo que corrió Ud. al denunciar el año pasado al entonces ministro de Defensa las actividades de la Triple A, y los riesgos que corren hoy los miembros de las Fuerzas Armadas que luchan contra la delincuencia subversiva y la corrupción”. Ruiz interpreta en la obra que “el caso Michelini y Gutiérrez Ruiz fue uno de los momentos en que ésa estrategia de incriminar mediante la información y absolver mediante la interpretación adquirió mayor intensidad. Según la crónica publicada, a los atentos lectores del diario no les podía quedar ninguna duda de una participación oficial en los crímenes (…) Pero en su análisis interpretativo y editorial de los hechos, el diario evitó adjudicar esa violencia al gobierno. Al contrario, prefirió sostener que esa violencia esa producto de los enemigos del gobierno”. Mochkofsky en “Timerman” aporta más datos al respecto. Señala que “Timerman le escribió una carta pública a Videla, como la hubiera escrito a Lanusse. Apeló, por un lado a su enfrentamiento a ‘los duros’ y, por el otro, a la idea de que la opinión pública podía ejercer presión sobre los militares. Daba por sentado que Videla no era el responsable directo del secuestro, pero le pedía que, en nombre de la lucha común contra los enemigos internos, forzara el ‘blanqueo’ (la legalización) de Michelini como preso político (una vez legalizados, por lo general, los presos conservaban la vida)”. En un tramo de la “carta pública” Timerman le dice a Videla: “¿Por qué me dirijo a usted? Simplemente, señor presidente, para impedir que el miedo nos lleve a la prensa complaciente que usted señaló como un peligro para la reconstrucción argentina. Diarios que no tuvieron miedo de denunciar las tropelías del anterior gobierno, a pesar de las bandas armadas de José López Rega y Lorenzo Miguel, como Clarín, La Razón y La Nación, han silenciado este dramático episodio”. El 23 de mayo, acompañó a un artículo de García en la página 13 de La Opinión un recuadro titulado “Carta de Michelini a García”. Allí Zelmar comentaba: “Amigo Roberto: en estos días he recibido amenazas telefónicas anunciándome un posible atentado y, además, mi traslado por la fuerza a Montevideo. Me llega asimismo la información de que el ministro uruguayo Blanco plantearía ante las autoridades argentinas la necesidad de que se me aleje de este país. No sé cuál puede ser el curso futuro de los acontecimientos, pero en previsión de que efectivamente un comando uruguayo me saque del país, le escribo estas líneas para que usted sepa que no tengo ni he tenido ninguna intención de abandonar la Argentina, y que si el gobierno uruguayo documenta mi presencia en algún lugar del territorio uruguayo, es porque he sido llevado allí, en forma arbitraria, inconsulta y forzada. No sería la primera vez que se intenta hacer pasar por voluntaria lo que es una actitud impuesta por la prepotencia y el salvajismo. Disculpe esta molestia y le agradezco el uso que usted haga, si es necesario, de esta confidencia. Su amigo, Zelmar Michelini”. Su hijo Luis Pedro, uno de los que presenció el secuestro recordaría más tarde: “Cuando se lo llevaron estoy seguro de que no creyó que lo fueran a matar. Lo dejaron vestirse, ir al baño, llevar sus medicamentos. Creo que si hubiera tenido la certeza del peligro habría tomado ciertas previsiones. La única carta que escribió fue al periodista Roberto García, de La Opinión y sólo ante la sospecha de su secuestro”. En tanto, otro amigo de Zelmar, Héctor Menoni, actualmente director de la agencia UPI, recuerda que fue a verlo una semana antes de su secuestro y “me confesó que estaba recibiendo constantes amenazas de muerte”. Michelini le dijo a Menoni, según relata éste: “Me han ofrecido asilo en diversas embajadas pero no voy a aceptar porque estoy trabajando acá y tengo que seguir mandando dinero para mantener a mi familia. Lo que sí hice fue escribir una carta que entregué a un periodista de La Opinión que, perdóneme la palabra, tiene cojones por si me llega a pasar algo”. Hablaba de García. El “comando uruguayo” finalmente fue más cruel de lo que imaginó Michelini. No lo llevó a Uruguay de manera forzada. Lo asesinó en Buenos Aires. Desde la cima del dolor Para finalizar, algunos sentimientos expresados por tres intelectuales uruguayos sobre la muerte de Zelmar. El periodista Di Candia, del mencionado libro “Ni muerte ni derrota” dice en el prólogo: “No podré olvidar nunca su vejez prematura ni aquella terrible pena que lo agobiaba: cada vez que hacía una gestión internacional a favor de su país, la dictadura torturaba a su hija Elisa. Caminamos las tres cuadras que nos separaban del diario La Opinión, donde trabajaba y casi al final me hizo su última confesión: tenía miedo de terminar asesinado. El recuerdo de Zelmar ha sido siempre un sumar de tristezas. Desde esa cima, estoy escribiendo”. En tanto, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en una cita que consta en el libro “Maten al cartero”, expresó: “País de paradojas, digo, donde los asesinos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz pueden pasearse tranquilamente, impunemente, por las calles que llevan el nombre de Zelmar Michelini y de Hugo Gutiérrez Ruiz”. Mientras que el poeta uruguayo Mario Benedetti escribió en su poema “Zelmar” en mayo de 1976, días después del asesinato de Michelini. “Convoquemos aquí a nuestros zelmares Por último y para quienes gustan de la música, queda aquí el video de la canción de Jaime Roos “Brindis por Pierrot” cantada por Washington “Canario” Luna y la murga Falta y Resto. En el minuto 2:45 del clip se puede ver como “Canario” grita “¡Este brindis por Zelmar!” mientras la cámara muestra una foto de Michelini. Por la memoria de Zelmar y El Toba, porque los tengo presente, porque los conocì y traté en el Congreso, porque me duele y averguenza lo que les pasó en Buenos Aires, sólo por eso les recuerdo que hay un libro, \El Congreso en la trampa\, editado por Planeta en 1995 y presentado en la confitería El Molino con la presencia de Felipe, uno de los hijos de Zelmar. Allì se cuenta -sin que nadie pudiera desmentirlo- cómo Sanguinetti canjeó la libertad de los asesinos de Michelini y Gutierrez Ruiz a través del pedido de indulto que el entonces presidente uruguayo le hizo a Menem. Y que éste cumplió incluyendolos en la larga lista de los procesados, antes del que firmaría concedido a los ex comandantes. Todo porque Sanguinetti le había hecho el favor requerido por Menem de no detener en Uruguay a Vaca Narvaja y Perdía buscados por Interpol y que estaban camino a Buenos Aires para formar parte de esos mismos indultos una vez que Menem asumiera.
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La historia de Zelmar Michelini es conocida. Fue un activo político uruguayo formado en el Partido Colorado y miembro fundador del Frente Amplio. Con la llegada de la dictadura militar al Uruguay se exilió en la Argentina, en donde además de trabajar como periodista (cosa que ya había hecho en su país), se preocupó por buscar una salida democrática para la república oriental, como así también por difundir las violaciones a los derechos humanos en su país.