SeñalesEn menos de 10 días, los zarateños nos encontramos con dos noticias trágicas que, aunque disímiles, guardan algunos puntos en común. Se trata de dos muertes violentas de personas jóvenes, un hombre y una mujer. Las causales de ambas dejan margen para las dudas, cuando los resultados finales de las respectivas autopsias aún estan pendientes.
Hace más de treinta años, el trío sexo, drogas y rock’n roll era un estandarte de cierta cultura juvenil amante de las experiencias extremas. Para otro sector de la juventud, mayoritario en aquella época nuevaolera y hippie, donde Jimi Hendrix se mezclaba con Juan Ramon, Piero o Palito Ortega, “reventar la noche” era, simplemente, salir a recorrer bares o a bailar a un boliche con amigos, tomar tragos y, en el mejor de los casos, ligar con alguna conquista ocasional. Esas dos culturas siempre convivieron, pero con el correr de los años la conducta adolescente se fue volcando cada vez más al “descontrol”. Lo más visible de ese cambio social para los que lo vivieron desde afuera se dio en los horarios. A partir de los 90, la noche de los jóvenes comenzaba más tarde. Después de las 3 de la mañana, lejos de la mirada de los adultos que no viven de la noche. Y antes, claro, está la "previa". Así siguió hasta nuestros días, donde el after puede durar tranquilamente hasta el mediodía siguiente. A esta nueva costumbre se le agregó una difusión alarmante del consumo de drogas más duras, desconocido años atrás. Hace años que la cocaína es una sustancia que llegó a la Argentina para quedarse, cuando hasta hace 25 años era un mero tránsito hacia destinos europeos. Y con la cocaína llegaron las drogas de diseño para los ricos y el paco o pasta base de cocaína para los pobres, barato y letal. Este “descontrol” en el consumo conjunto de alcohol y sicotrópicos también se percibe en el aumento de la violencia, siendo una escena ya común las peleas terribles a la salida de los boliches, que muchas veces terminan con un joven muerto o en coma, como ocurrió hace unos meses en la calle Justa Lima con Matías Corti, frente a una Iglesia brasilera cuyo slogan es "Pare de Sufrir". Todo este panorama parece no llamar demasiado la atención de los adultos, cuando ya esta generación del “descontrol” es la tercera o cuarta. Personas que hoy tienen entre 25 y 30 años ya comenzaron a conocerla durante su adolescencia. Una muestra gratis de esto lo podemos apreciar en esta entrevista de ZI a un joven adicto. La mayoría atraviesa esa edad de la furia sin secuelas en su vida adulta, otros quedan enganchados a adicciones difíciles de dejar sin ayuda externa. ¿Qué les espera a las próximas generaciones de adolescentes, a los que hoy son niños? ¿Cuántas madres adolescentes hay hoy en nuestra ciudad? ¿Qué viene después? En Brasil ya lo saben, y lo viven. Existen zonas controladas no por el Estado sino por el oscuro triángulo conformado por carteles, narcopolicías y escuadrones civiles de la muerte que regulan la inseguridad a su antojo, incluso dando órdenes desde las cárceles. Mientras tanto, aquí nomás y sin llegar a eso, las escuelas de los barrios humildes siguen siendo esencialmente comedores, los tribunales no tienen computadoras ni raticidas suficientes, las cárceles nunca alcanzan, los pozos ciegos y los hospitales públicos desbordan trayendonos enfermedades que se creían desterradas. Mientras tanto, hace tres meses los políticos y los productores rurales argentinos se pelean por ver quién se queda con la renta sojera, mientras miles de jóvenes ingresan silenciosamente a un camino sin retorno, convirtiéndose en esclavos de un dealer que, por lo general, está protegido por poderosos con los cuales comparten sus ganancias. Porque el problema de fondo, se sabe, es la inflación. La inflación del vacío de valores, un índice que no aparece en el Indec, sino en la mirada dura de los que ya no esperan nada. |
