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En el 2010 Moisés Lintridis vuelve a los hogares zarateños en la forma de una revista, después de casi 22 años de su fallecimiento. Habrá muchos jóvenes que no hayan oído hablar de él, creo que a través de estos escritos, conocerán a un personaje, desgraciadamente poco frecuente, volcado al trabajo social y a la lucha por los derechos civiles de sus conciudadanos. Digo que vuelve a los hogares zarateños, porque su trabajo como colchonero-artesano, hacía que su labor, se realizara en los domicilios de los clientes. Años más tarde, ya casi retirado de su tarea, volvería a las casas zarateñas con su amigo entrañable, Julio Nocetti (entre otros) a pedir la colaboración de los zarateños, que donaban papel de periódico, para reunir fondos destinados a sufragar los gastos de adquisición del nuevo local de la Biblioteca Ingenieros de la calle Independencia.
Su carácter era afable, le gustaba hablar pero también sabía escuchar y disfrutaba de la gente con la que podía aprender. Y hablando de aprender, Moisés concurrió en Grecia a la escuela primaria, en la Argentina hizo cursos en la escuela vespertina y completó su formación con la lectura; los libros, que serían los protagonistas de sus afanes desde la Biblioteca.
Primero la Biblioteca de la calle Ameghino, que nosotras conocimos de la mano de Moisés siendo niñas y adolescentes, escuchando entre sorprendidas y respetuosas a don Enrique Giesch, del cual recuerdo su erudición y su rotundidad al expresarse o la pasión por la lectura y la eficacia del análisis de un autodidacta como Luis Caglierotti, entre otros muchos; era un lugar de encuentro y de discusión político-cultural de gran fecundidad. Me piden que cuente cómo vivimos sus familiares directos en España, sus hijas y su yerno Néstor Insúa, el período de arresto de Moisés, de casi tres años, hasta finales de 1977, a disposición del “Poder Ejecutivo”.
Con absoluta impotencia, ya que no podíamos regresar al país. Le escribíamos cartas que intentábamos no fueran censuradas, imaginando las dificultades y el dolor de nuestra madre al tener que visitarlo en prisiones que se tornaban cada vez más lejanas y severas, por los diversos traslados a los que fue sometido.
Mi hermana viajó a Lisboa para interceder por nuestro padre ante el Embajador Ghioldi, socialista. Infructuoso intento. Sabíamos también de los ciudadanos y amigos zarateños, socialistas y de otras asociaciones civiles pidiendo su libertad y eso para nosotros significaba un gran aliciente.
Cuando terminó esa dura prueba, Moisés recibió la calidez y las muestras de cariño de muchísimas personas e instituciones nacionales y del extranjero que se alegraban por su liberación. Como él me decía “otros tienen que esperar a morirse para recibir homenajes”. Siguió su fecundo trabajo, viajó a España con su mujer en 1978 para conocer a su nieta Lila y cuando le planteamos la posibilidad de quedarse a vivir en Madrid, nos respondió con sinceridad que su lugar en el mundo era Zárate y que a su edad sería un trasplante contra natura.
No me preocupa escribir laudatoriamente de mi padre, puedo desdoblarme en la hija que lo quiso mucho y en una zarateña que sabe apreciar de un conciudadano, sus valores morales y su ejemplo de una conducta sostenida por la fuerza de las ideas.
Alba Lintridis En Madrid a 27 de enero de 2010
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Desde Zárate, es la impresión que tengo, se relativizaba la situación del exiliado, sin valorar, me parece, las implicaciones que tenía dicho estado. Paradójicamente por la relación familiar con los colchones, para mí el hecho que mejor lo ejemplifica es el de aplazar la compra de un colchón nuevo más de 14 años, porque piensas que volverás a tu lugar de origen próximamente. El desarraigo que vivía el exiliado lo entendieron muy bien los griegos, desde Platón; el destierro era un castigo duro, peor que la muerte . Escuchando el tema de Mercedes Sosa Sólo le pido a Dios grabado en 1982, el teatro Ópera se viene abajo cuando dice: “(…) que el futuro no me sea indiferente, desahuciado está el que tiene que marchar, a vivir una cultura diferente”. Sosa afirmaba: “El exilio ha sido para mí una cosa gravísima. Mi vida en el exilio ha sido realmente dura.”
Nací en Madrid y fue desde la ausencia, desde el relato, como conocí a mi familia, construyendo así una presencia evocada de los seres queridos. Me parecía importante reivindicar esta voz, la mía, que también es argentina, porque conforma una reconstrucción del relato, de la memoria colectiva, histórica, que debe tener en cuenta todas las voces, especialmente las de aquellos que la dictadura se encargó directamente de hacer desaparecer y las de los que desaparecimos en la distancia. Los que quedamos fuera del campo de la fotografía porque habitamos ahora otras ciudades pero queremos estar presentes evocando la figura de Moisés. Porque su manera de entender el mundo, a pesar de la distancia impuesta, a pesar de arrebatarnos lo cotidiano, también nos ha conformado y nos ha ayudado a entender nuestra posición en el mundo.
Lila Insúa Lintridis Madrid, Enero del 2010
(A partir del viernes puede retirar su ejemplar en la Biblioteca Jose Ingenieros, Independencia 669. Para recibir la revista en su domicilio y si lo desea colaborar con su sostenimiento, mandar correo con sus datos a puntozrevista@yahoo.com.ar)
(Zi)
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